Al hablar de liderazgo, la diferencia entre uno bueno y otro malo está en los valores.
Los valores definen siempre el modelo de persona y de sociedad. Estos,
como las creencias y convicciones, no se tienen como si fuera algo de
quita y pon. Son ellos los que nos sostienen y argumentan nuestra vida.
Conviene revisarlos y saber cuál es nuestra conversación interior y
cuáles son nuestros valores. Cuando no están claros, terminamos sin
saber qué hacer con la propia vida y, en consecuencia, con las vidas que
tocamos.
Al hablar de
responsabilidad, el liderazgo apunta a varios tipos de
responsabilidades: el líder es responsable ante sí mismo, ante su equipo
o colaboradores más cercanos, ante su organización y la sociedad.
Todos los expertos en liderazgo nos recuerdan que el líder que asume el papel de liderar un equipo se responsabiliza de:
- Mantenerlo centrado en las tareas y supervisarlo.
- Definir objetivos y mantener abiertos canales adecuados de comunicación.
- Clarificar expectativas, y escuchar a las personas.
- Alcanzar consensos o gestionar conflictos.
-
Ser un apoyo para otros líderes de la organización y, en conjunto,
estar dispuesto a que su organización sepa devolver a la sociedad lo que
esta te da.

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