Como desarrollo del hastag #evaluación propongo las siguiente ideas:
Podríamos decir que la evaluación
es la "piedra de toque" de la enseñanza, en el
sentido de que pone a prueba la autenticidad, la fuerza y la
coherencia de los principios pedagógicos que supuestamente la guían.
Si se sostiene que la escuela debe fomentar la reflexión, la
criticidad y la participación.
La evaluación señala aquello que es
realmente valioso en la escuela, puesto que implica para los
estudiantes, en fin de cuentas, aprobar o no aprobar el curso y, con
frecuencia, ser así mismo ubicados en una jerarquía de
calificaciones, con posible trascendencia hacia el futuro.
Si se quiere que los estudiantes se
orienten hacia aprendizajes profundos, hacia el razonamiento, el
examen crítico de las evidencias, la aplicación práctica de lo
aprendido, la valoración fundamentada, eso es entonces lo que se
debe evaluar.
Las múltiples funciones sociales de la evaluación
En la escuela no sólo se cumplen las
finalidades expresas de los docentes ni, más allá, las finalidades
expresas de la Constitución y las leyes. Por debajo de este marco
evidente, se entrecruzan los fines confesados y no confesados de
diversos sectores y clases sociales, que se manifiestan en esa
institución como en otras instancias de la sociedad. Y a la hora de
evaluar, estos intereses pueden imponerse con especial fuerza, por
las implicaciones del proceso (Álvarez Méndez, 1995 Ayuste y otros,
1994).
La evaluación a partir de ejercicios
vacíos de verdadero significado, muy escolásticos, plagados de
términos técnicos a memorizar, tiende a desfavorecer aún más a
los estudiantes de sectores de menores ingresos, cuyos padres no
pueden ayudarlos en sus estudios, cuyos hogares están desprovistos
de libros o periódicos y a quienes, por estas y otras razones, les
cuesta mucho más asumir una enseñanza poco pertinente y llena de
convencionalismos para ellos poco conocidos.
También, a menudo el control social es
parte de la evaluación, ganando puntos y reconocimiento las
conductas más sumisas a rituales y normas establecidas, cuya máxima
razón de ser sea inculcar obediencia ciega y respeto incuestionable
al status quo.
Finalmente, el fracaso, al cual el
estudiante es empujado por una constelación de circunstancias
sociales y escolares, es tomado como justificación de la salida
temprana del sistema educativo. No es la escuela la que no ha sabido
ayudar al niño, no es el sistema social el que le ha negado
oportunidades al niño, es él, el propio niño, el culpable de su
repitencia y/o deserción, por no haber logrado superar los
estándares mínimos escolares, Mendel y Vogt (1978, p.256) llegan a
decir que la finalidad de la escuela en nuestra actual sociedad es
precisamente fabricar el fracaso.
Evaluación como ayuda
Nuestra propuesta es que la evaluación
se centre en ser una ayuda para que el estudiante siga aprendiendo
mejor.
La escuela debe ser un mundo cultural
rico, que le ofrezca a los niños y niñas múltiples experiencias
formativas, y ha de utilizar una evaluación en contextos naturales,
concebida como un apoyo más en la aventura de aprender.
Se trata, en primer lugar, de darse
cuenta y realzar los logros de los niños. De esta manera los
aprendices ganan mayor conciencia de sus éxitos, de lo que saben, de
lo que dominan, base fundamental para sus posteriores esfuerzos.
En segundo término, se trata también
de tomar nota de las "lagunas", los errores y las
insuficiencias. Considerándolos normales, esperables: es natural que
un niño, una niña, cometa errores en su esfuerzo de aprendizaje. Y
considerándolos también superables. Precisamente, la evaluación
sirve para ponerlos en la "agenda" de las cosas a seguir
trabajando, a seguir practicando.
Nos parece importante deslastrarse de
la concepción de la evaluación como un reparto de premios y
castigos, una selección de "buenos, regulares y malos",
una jerarquización cristalizada.
La evaluación como ayuda es un reto,
porque ayudar es más sutil y complejo que chequear y calificar.
Reconociendo la imposibilidad de la
evaluación objetiva, lo importante es ejercer una subjetividad
vigilada a la hora de evaluar: aclarando cada vez mejor qué es
lo que se considera importante evaluar y por qué, estudiando con
cuidado la situación de cada niño al respecto, y llevando registro
del proceso gracias a procedimientos que se estimen veraces y
confiables.
La calificación es a menudo un obstáculo
AI menos en la escuela básica, la
calificación es con frecuencia un obstáculo. Y habría incluso que
preguntarse sobre su utilidad en niveles superiores.
EI propio niño llega a verse a si
mismo bajo esta simplificadora y ocultadora etiqueta. Como señalan
Alfieri y otros (1984, p.81), su imagen de si mismo no se basa en el
trabajo concreto realizado y en el grado de comprensión alcanzado,
sino que depende totalmente de este juicio ajeno, abstracto y
alienante.
La calificación actúa además como un
perjudicial refuerzo extrínseco del aprendizaje escolar. Dice Lodi
(1980, p.108-109): "Liberar a los niños de la recompensa de la
nota (...) significa aproximar el trabajo escolar a los intereses de
los niños".
Creemos preferibles los juicios
cualitativos, razonados, del educador, que orientan sobre lo
alcanzado y lo que falta por lograr, y evitan la artificial
ordenación de los alumnos a partir de las notas. Estos juicios
pueden ser a veces orales y en otras ocasiones escritos.
EI interés de los niños por recibir
retroalimentación sobre su trabajo
EI interés de los niños por recibir
retroalimentación sobre su trabajo es escaso o nulo en la escuela
tradicional, donde el estudiante se ve obligado a "aprender"
ciertos saberes muy específicos, impuestos sin más. Pero
seguramente crece en una escuela de nuevo tipo, donde el estudiante
participa de una u otra manera en la determinación de los trabajos a
realizar y de los saberes a adquirir. Allí cobra un sentido nuevo,
profundo y significativo la actividad de evaluación, entendida en el
sentido de evaluación como ayuda.
Si los niños han decidido eseribir una
carta a una emisora de radio informándole sobre un problema que han
investigado en la comunidad, les interesa que el docente les ayude a
revisar que no haya en el texto errores gramaticales. Si han decidido
montar un "jardín" en una botella grande, les interesa que
el docente les indique algún detalle que han olvidado en su proceso.
Si se disponen a investigar refranes sobre el tiempo atmosférico
comunes en su localidad, les importa conocer la opinión del docente
sobre su plan de investigación.
Lejos del temor y rechazo al examen
tradicional, la retroalimentación del docente es aqui buscada con
sinceridad, y provechosamente utilizada. En este caso, la aprobación
o la crítica se toman como información y no como recompensa o
castigo (Bruner, 1961).
Así mismo, crece el interés por
autoevaluarse.